LAS CRUCES DEL
SANTO SEPULCRO DE JERUSALÉN
Página web: www.alopezasen.com
1.- LA “CRUZ CÓSMICA DE JERUSALÉN”
En
el museo que situado bajo la basílica de la Anunciación de Nazareth, destaca un
pequeño grafito de san Juan Bautista sosteniendo un estandarte con la “cruz cósmica”. Este dibujo original está
situado en la vitrina central, en una base de columna que pertenecía a una
antigua vivienda-santuario. Esta iconografía arqueológica se puede datar a
finales del siglo I d.C.
La
imagen paleocristiana muestra una figura humana de pie que sostiene un bastón o
estandarte con una cruz inscripta en un cuadrado. Se interpreta normalmente
como Juan el Bautista vestido con piel de camello. Para la primitiva comunidad
cristiana, el Bautista, era el que anunciaba a Jesucristo con un estandarte que
representa a la Tierra Santa y, muy especialmente a Jerusalén, como centro de
salvación para el mundo entero (personificado en los cuatro continentes
conocidos por entonces), así como ala inmensidad del universo (simbolizado en los cuatro puntos
cardinales).
Estamos
ante la primera representación simple que utilizó la primera comunidad
paleocristiana de Jerusalén, como símbolo central de la Iglesia madre que
organizaba la evangelización por todo el imperio romano.
La
presencia ininterrumpida de la comunidad cristiana de Jerusalén desde Santiago
el Menor hasta la época de Constantino (313 d.C.), es una garantía de la
conservación de esta tradición y el recuerdo de la representación de la “cruz
cósmica”. Y no suponen ningún obstáculo serio a la misma la momentánea huida de
la comunidad cristiana a Pella durante la primera Guerra judía ( ), ni tampoco los dos siglos de ocupación
romana, durante los cuales el lugar del calvario y del Sepulcro permanecieron
ocultos bajo los cimientos del templo de Venus Afrodita mandado construir por
el emperador Adriano en el año 135 d.C.
Los cristianos no podían acercarse al lugar, pero no por eso perdieron
la memoria de dónde estaban tan preciadas reliquias.
La
cuidadosa indagación de santa Elena, madre del emperador Constantino y
peregrina en Jerusalén el año 326 d.C., justificó, una vez se tuvo certeza del
lugar donde se ocultaban la Tumba y el Calvario, la destrucción del templo de
la diosa Venus Afrodita, decretada por el emperador tan pronto fue informado.
El propio Constantino, en carta al obispo Macario, Patriarca de Jerusalén,
ordenó la construcción en este lugar de “una
basílica que sea superior a todas cuantas existen, y que, juntamente con el
resto de la obra, supere a los monumentos más bellos de cualquier ciudad”.
En
la época del emperador Constantino, en Jerusalén se potenció el culto a la “vera cruz” (la verdadera cruz) o “Lignum crucis” (el leño de la cruz) y,
muy especialmente, la “cruz cósmica”
que aún se recordaba y veneraba en Jerusalén entre la comunidad cristiana.
El
“lignum Crucis” es el madero de la
cruz donde crucificaron a Jesucristo. Más que un objeto, representaba el triunfo del cristianismo, potenciado
por la visión de la cruz que tuvo Constantino antes de la batalla del Puente
Milvio, con la inscripción "In hoc signo vinces" ("Con
este signo vencerás").
En la etapa bizantina (325-636 d.C.), en
Jerusalén continuó la devoción al “lignum
Crucis” en el Santo Sepulcro y, con él, la “cruz cósmica”, pues dicho templo se consideraba el “ombilicus mundi” (el ombligo del mudo),
es decir, el centro del mundo entonces conocido y que residía en la misma anástasis donde resucitó Jesús de
Nazareth.
En el año 614, los persas invaden Palestina, destruyen
iglesias bizantinas y monasterios, e incendian la basílica del Santo Sepulcro,
sembrando el lugar de cadáveres. El abad Modesto reconstruye la basílica sin
introducir grandes cambios con respecto al anterior templo.
En el primer período Árabe (636-1099), en
Jerusalén se construyeron palacios y bellas mezquitas. El Santo Sepulcro fue
respetado hasta que, en el 1009, Al-Hakim ordena destruir la basílica y la
tumba de Jesús, además de la persecución a los cristianos. Sus sucesores fueron
más tolerantes. Pero no tardó en llegar otro flagelo con los turcos seljúcidas,
quienes impidieron a los cristianos acercarse a la ciudad santa y visitar lo
que fue el Santo Sepulcro. Por eso, Occidente se armó contra el islam.
Probablemente nunca se habrían producido las cruzadas de no haber existido esta
intolerancia y barbarie contra el lugar más santo de Jerusalén.
La comunidad cristiana en Tierra Santa, nunca
olvidaron el lugar donde murió y resucitó el Señor, teniendo muy presente su
memoria y los símbolos que la decoraban, como la “Cruz Cósmica de Jerusalén” y la “Vera Cruz”.
En el período cruzado (1099-1291 d.C.) se
construye una nueva basílica de estilo románico, la parte más antigua del
actual templo. La “cruz cósmica” se
convirtió en el emblema de Jerusalén y Tierra Santa en las cruzadas. El papa
Urbano II (1088-1099) decretó (en el año
1096) que el nuevo reino cruzado de Jerusalén, presidido por Godofredo de
Bouillón, tuviera como emblema la “cruz
cósmica”, conocida desde generaciones como “cruz de Jerusalén” o “cruz de las cruzadas”.
Con Saladino comienza el segundo período Árabe
(1187-1517 d.C.), el cual conquista parte de la Tierra Santa en 1187, hasta
que, en 1250, los mamelucos de Egipto ocuparon todo el territorio. Los
musulmanes respetaron la fábrica del Santo Sepulcro construido por los cruzados
con su emblemática incluida. Durante esta ocupación, la “Cruz Cósmica de Jerusalén” de los cruzados se siguió utilizando dentro
del templo del Santo Sepulcro de Jerusalén.
En
la actualidad no sólo es la insignia del Patriarcado Latino de Jerusalén y de
Tierra Santa, sino también el símbolo de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro y
de infinidad de cofradías de Semana Santa. En nuestros días existen varios
significados teológicos de esta venerada cruz:
A.-
Las cinco llagas de Cristo: La interpretación común es que la cruz central
representa la herida del costado de Jesús, mientras que las cuatro pequeñas
representan las heridas de sus manos y pies.
B.-
Jesucristo y los evangelistas: la cruz grande simboliza a Cristo, y las cuatro
pequeñas a los cuatro evangelistas (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) y la
propagación de la fe, es decir, el evangelio (la Buena Noticia).
C.-
A veces se interpreta como la difusión del cristianismo de desde el centro de
la salvación (Jerusalén) hacia los cuatro confines del mundo: los continentes y
los puntos cardinales.
2.-
LA CRUZ PATRIARCAL DE DOBLE TRAVESAÑO
2.1.- La
cruz del Santo Sepulcro de doble travesaño
Además
de la “Cruz Cósmica de Jerusalén”, el
Santo Sepulcro comparte otra iconografía o simbología: la Cruz de doble
travesaño y liliada o florlisada en sus extremos, y de color rojo.
El travesaño superior de la “cruz patriarcal de Jaca” intenta simular el letrero que pusieron en la cruz de Jesús de Nazareth: "Pilato redactó también una inscripción y la puso sobre la cruz. Lo escrito era: "Jesús de Nazaret, el rey de los judíos. Esta inscripción la leyeron muchos judíos, porque el lugar donde había sido crucificado Jesús estaba cerca de la ciudad; y estaba escrita en hebreo, latín y griego" (Jn 19, 19-20).
El
lirio de sus extremos, símbolo de la pureza y la inocencia, recordaría el voto
de castidad de los miembros de la Orden y el rojo de la cruz, la sangre de la
cruz derramada por la redención del género humano.
Esta
insignia nace en el año 1103, durante el reinado del rey Balduino I de
Jerusalén: Desconocemos si fue el o el Patriarca Latino quien la diseñó para
sus respectivos caballeros que les escoltaban y protegían, emblema que usarán
sus respectivos sucesores. Esta cruz será utilizada y esculpida dentro del
Templo del Santo Sepulcro, junto con la “Cruz
Cósmica”.
Ambas desde
entonces serán representarán no sólo al Templo y su filiar en Calatayud, sino
también al Patriarcado Latino, a las capas e indumentaria de los Caballeros de
la Orden, Orden de Caballeros, así como en las iglesias de los lugares y
encomiendas de la Orden de toda Europa y, muy especialmente, en la Corona de
Castilla y en la Corona de Aragón y Navarra.
Desde la
Edad Media, la cruz de doble travesaño y liliada se utiliza como emblema de
tres instituciones religiosas relacionadas con lugares de peregrinación:
1.- La cruz patriarcal de Jerusalén,
símbolo de las cruzadas y de Tierra Santa. Desde los primeros años del cristianismo, el obispo
católico de Jerusalén tiene el tratamiento de Patriarca y esta cruz de doble
travesaño como pectoral de su episcopado. También los obispos de las diferentes
iglesias ortodoxas en Jerusalén reciben el tratamiento de patriarcas. Todos
reconocen esta cruz como símbolo del Santo Sepulcro que, junto con la “Cruz Cósmica” (cruz griega bizantina con
cuatro cruces pequeñas en los huecos), son el símbolo visible de este santo
lugar y las diócesis jerosolimitanas.
2.- La cruz pontifical de Roma,
símbolo del papado. En la Edad
Media los Sumos Pontífices asumieron la cruz de doble travesaño del Santo
Sepulcro por su empeño en recuperar los Santos Lugares con las cruzadas. La
cruz estará directamente vinculada a los papas.
3.- La cruz de los peregrinos a
lugares santos. En la Edad
Media, esta cruz patriarcal indicaba el lugar donde se obtenía indulgencia
plenaria, en tanto que la cruz latina se usaba para la indulgencia parcial. El
principal centro de peregrinación era el Santo Sepulcro de Jerusalén. En la
Península Ibérica eran los templos de Calatayud, El monasterio de las Canonesas
de Zaragoza, la catedral de Jaca, junto con varios templos y monasterios del
camino de Santiago y la tumba del Apóstol, los lugares donde se obtenía la
plenaria.
2.2.- La cruz de Jaca: pontifical o
patriarcal
Según
algunos autores, esta cruz es el símbolo de sumisión del reino de Aragón al
papado, por eso la llaman cruz pontifical. Esta hipótesis la justifican por la
coronación del rey Pedro II en el Vaticano por el papa Inocencio III
(1198-1216) en al año 1204, como ya hemos visto.
La tesis
tradicional defiende que el rey de Aragón, Jaime I (1213-1276), será el primero
que acuñe la cruz pontifical en agradecimiento por la coronación de su padre en
el Vaticano; y seguirá apareciendo en la moneda de vellón aragonesa
durante la dinastía de los Austrias, hasta terminar en el reinado del primer
Borbón, Felipe V, a principios del siglo XVIII.
Desde mi
punto de vista, no debe llamarse pontifical, pues ni Pedro II coronado en Roma,
ni su hijo Jaime I juraron obediencia al Sumo Pontífice. Recordemos que Sancho
Ramírez se hizo vasallo del papa para que el reino fuese reconocido
internacionalmente a cambio de grandes cantidades de “mancusos” de oro. Este vasallaje no implicaba entonces una
sumisión, y ni tampoco una contraprestación de obediencia absoluta tras la
coronación de Pedro II en la Ciudad Eterna.
Esta cruz
debemos llamarla "cruz patriarcal de
Jaca" porque desde antiguo y, sobre todo desde el Medievo, el Somport,
la ruta del río Aragón y la ciudad de Jaca fueron un referente espiritual para
los peregrinos del camino de Santiago. Jaca era un lugar de descanso y su
catedral un punto donde alcanzar indulgencias, esenciales para continuar el
camino hacia el destino final en Santiago.
La primera
referencia de la cruz patriarcal como emblema de Jaca lo encontramos en el
sello de una carta que el concejo envió a la ciudad de Teruel en 1260. Es muy
probable que Jaime I la utilizara en el reverso de sus monedas porque era
el símbolo que mejor representaba la ya conocida "moneda jaquesa". La cruz patriarcal se asociaba con Jaca y,
por consiguiente, el “dinero” que
recibía su nombre debía llevar esta emblemática. El origen numismático no
obedece a intereses políticos con el papado, sino religiosa en clave
espiritual.
Comentarios
Publicar un comentario