LAS PEREGRINACIONES DE LOS JUDÍOS

 Por: Álvaro López Asensio

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1.- UN PUEBLO DE PEREGRINOS

Tres veces al año el pueblo judío tenía que interrumpir sus actividades cotidianas y ponerse en camino. Peregrinar significa caminar. Uno de los nombres de la peregrinación en la Biblia es “regalim” (caminar a pie). Ese término indica el contacto con la naturaleza y la necesidad de abandonar la vida cotidiana y emprender el camino para no ser esclavos del trabajo. Caminar fatiga, y crea una especie de clausura que permite la oración, la alianza del cuerpo y el alma.

Un camino espiritual está unido a la peregrinación: la historia bíblica comienza con la llamada de Abraham. Dios le da la orden: “Deja tu tierra, te mostraré un país” (Gn 12, 1), en hebreo “lej lejá”, que muchos traducen como “ve hacia ti”. Comienza un peregrinaje interior. Otro nombre hebreo para la peregrinación es “aliyah” (la subida). Jerusalén está en las montañas, por lo que es necesario ascender geográficamente: es un camino cuesta arriba, tanto físico como espiritualmente. Este es el verdadero sentido de la peregrinación: subir a Jerusalén.


2.- LA LEY Y LAS FIESTAS

Los libros bíblicos del Éxodo, Levítico y Deuteronomio definen para el Pueblo de Israel el calendario de fiestas y peregrinación a Jerusalén tres veces al año: en Pesaj (la Pascua), 50 días después en Shavuot (la fiesta de las semanas que llamamos Pentecostés), y la tercera vez para Sukkot (la fiesta de los Tabernáculos al final de la cosecha). El Levítico 23 añade, unos días antes de Sukkot, la fiesta de Rosh Hashaná (el Año Nuevo) y la fiesta de Yom Kippur (la Expiación).


3.- LA FIESTA DE PASCUA: PESAJ

La fiesta de Pesaj o Pascua nos recuerda la salida de Egipto: la Pascua (Ex 12) se define como el paso de la tristeza a la alegría, de la esclavitud a la libertad, de las tinieblas a la luz. Lo que debe caracterizar toda fiesta es la alegría: “Te alegrarás en tu fiesta” (Dt 16. 14). La fiesta de Pascua también nos recuerda que los signos de salvación más relevantes se produjeron durante la noche. La primera es la noche de la creación: estaba la oscuridad, el abismo y se hizo la victoria de la luz. También recuerda la noche en que Abraham recibió la orden de sacrificar a su hijo: Abraham obedeció, pero luego Dios intervino y liberó al su hijo Isaac. Toda la teología de la “Aqedáh” o Sacrificio de Isaac se desarrolla en torno a las ataduras de Isaac, quien accedió a ser atado y por ello obtuvo un mérito para todos sus hijos. Luego tenemos la noche de la salida de Egipto y finalmente la noche de la venida del Mesías: allí también habrá una tremenda lucha que terminará con la victoria del Mesías, venido para liberar definitivamente a su Pueblo.

Para la fiesta de la Pascua, los judíos deben comer panes sin levadura durante una semana, en memoria de la salida de Egipto, cuando no tuvieron tiempo de esperar a que fermentara la masa, y hierbas amargas para recordar los sufrimientos que soportaron. La celebración doméstica se llama “Séder de Pesaj” e implica la lectura del texto litúrgico de la Hagadá. Esta noche, el hijo le pregunta a su padre: “¿En qué se diferencia esta noche de las demás noches? Todas las noches comemos sentados, pero esta noche estamos recostados, como comían los griegos”, las personas libres, para recordar que incluso los judíos fueron liberados de la esclavitud y llamados a vivir como hombres libres. El padre es el sacerdote de su familia y a él le corresponde anunciar la liberación de Egipto: “Éramos esclavos, pero el Santo nos liberó”.


4.- LA FIESTA DE LAS SEMANAS: SHAVUOT

Cincuenta días después de Pascua se celebra la fiesta de Shavuot. Originalmente la fiesta era la ofrenda del pan nuevo; más tarde se convertirá en la fiesta de la entrega de la Ley. En el desierto del Sinaí Dios entregó la Ley a Moisés, las Diez palabras para los judíos: la Ley es de Dios, y está destinada a todos porque fue dada en el desierto, en la tierra de nadie. Ni siquiera los judíos pueden decir que fue dada en su tierra: según la tradición se dio en 70 idiomas porque se creía que había 70 pueblos en ese tiempo (Gn 10).

En el Sinaí la Ley se dio en medio del fuego. El pueblo tuvo que purificarse antes de recibir este regalo de la Torá. Hoy los judíos, para recordar que recibieron la Ley, comen sólo productos lácteos, porque la Torá se compara con la leche y las tablas de la Torá tienen la forma de los senos de una mujer. Antes de entregar la Torá, Dios le preguntó a Moisés: “¿Aceptarás mi Ley?” y Moisés respondió: “Haremos y escucharemos” (Ex 4, 1-31). Antes de escuchar el contenido de la Ley, estaba la promesa de la obediencia ciega: haremos y escucharemos. Para entender la Ley hay que ponerla en práctica, de lo contrario se queda en un mero conocimiento teórico: sólo entienden la Ley los que la viven. Israel, como el manzano, primero da el fruto (en la flor) y luego las hojas. Las Tablas de la Ley fueron colocadas en el Arca de la Alianza. Sobre el arca estaba el propiciatorio con los dos querubines: según la tradición, Dios hablaba a Moisés entre los dos querubines, hablándole boca a boca. Ningún otro, Dios ha hablado como lo hizo con Moisés.


5.- LA FIESTA DE LAS CABAÑAS: SUKKOT (LA CELEBRACIÓN DE LO EFÍMERO)

Luego tenemos la tercera fiesta, Sukkot, el final de la cosecha, que cae en el período de septiembre: comienza con el Año Nuevo, luego con la fiesta de Kippur (la fiesta de la Expiación) y luego la de Sukkot. Las tiendas recuerdan los cuarenta años de paso por el desierto, la gran peregrinación del Pueblo. Recuerdan que las personas están de paso, que todos somos peregrinos y forasteros en este mundo. Para la fiesta, los peregrinos deben llevar en la mano cuatro especies: una rama de palma, una de sauce, una de etrog (cidro de la familia del limón), y finalmente una rama de mirto, que es muy fragante.

¿Qué significa? Es una primera definición de la comunión de los santos. En Israel, como en todos los pueblos, hay personas que viven la Ley y otras que no se interesan por ella. Cada fiesta es una especie de juicio de dios: cuando todos están juntos, Dios no olvida los méritos de los que viven la Ley, de los que son perfumados como el mirto o como el etrog, mientras que los que no tienen ningún mérito participan del mérito de los que viven la Ley. Esta es una primera formulación de la comunión de los santos.

Luego toman estos cuatro elementos unidos y dan siete vueltas al altar para conmemorar la toma de Jericó, cuando los judíos entraron en la Tierra Prometida dando siete vueltas alrededor de la ciudad. Dios intervino y los muros de Jericó se derrumbaron. Jericó, que cierra las puertas a los judíos, es el símbolo del mal. El mal se destruye, pero aún existe: cada año hay que repetir la toma de Jericó, para recordar que el mal hay que destruirlo. Tal es el sentido del canto Hoshiana, “!Sálvanos, Señor! (Hosanna).

Tras la ceremonia principal, los peregrinos descendían del Templo hasta la fuente de Siloé para sacar el agua que se vertía sobre el altar, en un gesto destinado a recordar el don de la lluvia que fecunda la tierra. Los judíos no decían que bajaban a Siloé a buscar agua, sino que traían el Espíritu del Santuario, un espíritu que moraba en el Templo. De vez en cuando el espíritu se alejaba debido al pecado de los sacerdotes. Cada año era necesario bajar a Siloé para traer de nuevo el Espíritu al Templo.

La fiesta también recordaba que el Pueblo de Israel había sido cubierto con siete nubes de gloria. Dios tuvo que cubrir a su Pueblo porque el sol castiga con fuera en el desierto. Una nube sobre la cabeza daba sombra y otra bajo los pies permitía caminar. Había una nube de gloria que portaba el pueblo. Cuatro nubes protegían al Pueblo por todos lados y lo defendían de Amale, el enemigo, mientras que la séptima nube precedía al pueblo y allanaba las montañas y rellenaba los valles. El don de estas nubes de gloria es algo maravilloso. El simbolismo del agua unida al Espíritu –presente al comienzo de la Biblia como en las últimas páginas del Apocalipsis- es tan rico que ha sido retomado por la liturgia cristiana.


6.- EL TEMPLO Y LAS FIESTAS: HANUKÁH

Reiteramos, el Pueblo judío es un Pueblo de peregrinos. Tres veces al año tenía que interrumpir sus actividades para ponerse en camino. Algunos venían también para la fiesta de Hanukáh, la fiesta de la dedicación del Templo.

El Templo había sido profanado en tiempos helenísticos por Antíoco IV Epifanes (año 168 a.C.), pero Judas Macabeo lo purificó. Durante ocho días se encienden luces para conmemorar el descubrimiento de una pequeña ánfora de aceite que normalmente debía iluminar una tarde y que en cambio alumbró durante ocho días; de ahí que la fiesta de Hanukáh sea llamada también la fiesta de la luz.


7.- LA FIESTA DEL PERDÓN: YOM KIPPUR

Otra fiesta popular es Kippur, ampliamente descrita en el libro de Levítico (cap. 16). Un chivo expiatorio era enviado al desierto con todos los pecados de Israel. El sacerdote hacía una triple confesión: la de sus propios pecados, la de los pecados de su familia y la de los del Pueblo.

Un hilo rojo se ataba a las puertas del templo. Cuando el chivo expiatorio caía del acantilado en el desierto de Judá, el hilo rojo se volvía blanco. Este gesto ilustraba el verso del profeta Isaías: “Aunque vuestros pecados sean rojos como la grana, serán blancos como la nieve” (Is 1, 18-19).


8.- PEREGRINAR A JERUSALÉN

El evangelio de juan indica que Jesús de Nazareth iba todos los años en peregrinación con sus discípulos. Se habla dos veces de la Pascua (capítulos 2 y 13). En el capítulo 5 se habla de una fiesta de peregrinación sin especificar, y los capítulos 7 a 9 hablan de la fiesta de Sukkot, cuando tuvo la oportunidad de enfrentarse a los fariseos. El capítulo 10 menciona la fiesta de Hanukáh.

Debemos releer tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento in situ, yendo en peregrinación a Jerusalén: una experiencia que queda grabada para siempre en el corazón. Una peregrinación que lleva a los creyentes a la fuente de la fe por los lugares y, sobre todo, a la escucha de la Palabra que se ha hecho historia en aquella tierra y que brinda la oportunidad de redescubrir los valores esenciales de la vida, que no es otra cosa que una peregrinación a la Jerusalén celestial.

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