BELÉN, DONDE NACIÓ JESÚS

 Por: Álvaro López Asensio

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El nombre de Belén deriva del hebreo “Beit Lejem” (casa del pan). Belén viene mencionado por primera vez en el libro del Génesis (Gn 35, 19), al recordar la muerte de Raquel. Durante el viaje de Bethel a Efrata, a la esposa predilecta de Jacob le llegó el momento de dar a luz. El parto fue difícil y poco después de haber alumbrado a Benjamín, “Raquel murió y fue enterrada en Efrata, que es Belén” (Gn 35, 19). Sobre la tumba de su esposa, el patriarca Jacob hizo construir una estela conmemorativa.

Más tarde, recordando estos eventos en su lecho de muerte, Jacob dijo a su hijo José: “En lo que a mi se refiere, cuando venía de Paddán, tu madre Raquel murió en el país de Canaán durante el viaje cuando faltaba muy poco para llegar a Efrata y la enterré allí a lo largo del camino de Efrata que es Belén” (Gn 48, 7). Efrata en hebreo significa “fructuosa, fértil, fecunda”. José, figura del Mesías, es denominado “retoño fecundo” (Gn 49, 22).

Con el paso del tiempo se comienza a referirse con el nombre de Efrata la región de Belén y, en cierto sentido, se convirtió en el segundo nombre de dicha ciudad. Refiriéndonos a la genealogía de la tribu de Judá, el padre fundador de Belén fue "Cur", primogénito de Efrata (1Cro 4, 4) o el hijo de "Cur", denominado Salma (2Cro 51-54). La expresión “padre de Belén” no nos debe maravillar, ya que en las genealogías bíblicas los nombres de los jefes de las tribus indican con frecuencia lugares pueblos o ciudades. Se deriva que el territorio de Belén, como el de otras muchas ciudades de aquella área geográfica, fue ocupado por los israelitas pertenecientes a la tribu de Judá (Jue 15, 19).

Debemos hacer notar también que la Biblia usa el término “Belén de Judá” como algo que formaba parte de la tribu de Judá para distinguirlo de otra población con el mismo nombre en los confines de la tribu de Zabulón: “Belén de Galilea” (Gn 19, 15; Jue 12, 8, 10). Este poblado pertenece hoy a Beit Lehem ha Gahlit, distante 12 kilómetros al Noroeste de Nazareth. Según el arqueólogo israelí Birán Oshrí, este sería el verdadero lugar del nacimiento de Jesús y no el otro “Belén de Judá”. Su hipótesis se basa en tres presupuestos: lógico, teológico y arqueológico.

A.- Lógico: Oshrí considera improbable que María, en avanzado estado de gestación, pudiera soportar un viaje tan largo de 140 kilómetros montada sobre un asno desde Galilea a Judea.

B.- Teológico. Los evangelistas habrían  cambiado voluntariamente el lugar del nacimiento de Jesús para evidenciar su entroncamiento con la familia del rey David, ya que, como promete la Escritura, debía nacer el Mesías (Mi 5, 1; Mat 2, 5-6; Jn 7, 42).

C.- Arqueolígico. Por último, Oshrí mantiene  que “Belén de Nazareth” o “Belén de Galilea” fue en la antigüedad un poblado próspero, a diferencia del “Belén de Judá” donde se han encontrado pocos restos habitacionales del tiempo de Jesús. Estos argumentos son débiles e infundados.

1º.- Sólo desde nuestro punto de vista actual puede parecer impracticable el afrontar largos viajes a pie en condiciones difíciles, pero entonces, estos viajes eran normales incluso para las mujeres embarazadas.

2º.- Si los relatos evangélicos acerca del nacimiento de Jesús en “Belén de Judá” pretendía favorecer la conversión de los judíos a la religión cristiana, es muy extraño constatar que los antiguos apologistas hebreos no buscaran refutar su autenticidad.

3º.- “Belén de Judá”, como tantos otros poblados de aquel tiempo, incluido Nazareth, fue un pequeño centro con pobres casas, por lo que es muy difícil que se encuentren hoy ruinas arqueológicas significativas a excepción de algunas grutas excavadas en la roca, que servía de bodegas, establos o almacenes, siendo utilizadas, a veces, como habitaciones donde vivir.

Frente a este escaso material arqueológico, ¿Qué ofrece de más el “Belén de Galilea”?. Las excavaciones llevadas a cabo han traído a la luz los restos de un complejo monástico del siglo VI con una nueva iglesia que fue después destruida, probablemente durante la invasión persa del año 614 d.C. Este lugar de culto demuestra solamente que en la época bizantina, en “Belén de Galilea”, vivía una importante comunidad cristiana. Es inexacto hablar de un presunto santuario recordando el nacimiento de Jesús tanto más que no existe ninguna fuente cristiana entre las escritas, ni en los recuerdos de los primeros peregrinos. Desde los comienzos del siglo IV surgirá, por parte de “Belén de Judá”, una gran basílica constantiniana construida sobre la gruta venerada por haber nacido Jesús.

Entre estas suposiciones falta la contestación a una pregunta importante: ¿Por qué motivo José debería haber ido con María, casi de parto, a “Belén de Galilea”, si los anuncios de los profetas hablaban del nacimiento del Mesías en ”Belén de Judá”? La más importante de las referencias bíblicas que hacen referencia a “Belén de Judá” está relacionada con el rey David, el lugar de su nacimiento (1Sam 20, 6, 28). Gracias a su atractivo personal y a su valentía, David se convirtió en una figura importante. Una breve relación de cómo se presentaba Belén en aquel período se manifiesta a través de esta frase del propio David: “Si alguien me diere a beber agua del pozo que está junto a la puerta de Belén” (2Sam 23, 15).

El profeta Miqueas (siglo VIII a.C.) inicia su célebre profecía mesiánica con estas palabras: “Y tú, Belén de Efrata, tan pequeña entre los lugares de Judea, de ti saldrá para mi el que debe ser el dominador en Israel” (Miq 5, 1). Algunos siglos más tarde, el evangelista Mateo, relatando los sucesos relativos al nacimiento de Jesús en Belén, retomará este oráculo profético modificando un poco su contenido: “Y tu, Belén, tierra de Judá, no eres la última entre las ciudades de Judea; de ti en efecto, saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo, Israel” (Mt 2, 6).

Esta interpretación de Mateo que no corresponde literalmente ni al texto hebreo, ni al griego de los setenta (los que tradujeron la Biblia al latín), parece ser una construcción del evangelista que ha fundido dos pasajes de la Escritura: (Miqueas 5, 1-2) y (2Sam 5, 2). Este último habla de David que viene constituido en Hebrón como rey de todo Israel: “El Señor te ha dicho: Tú pastorearás a mi pueblo Israel, tu serás jefe de Israel” (2Sam 7, 8). 

Es probable que Belén al tiempo de Jesús tuviese un aspecto no muy diferente de aquel del tiempo de Miqueas. Sin embargo, en los ojos de Mateo, que contemplaba esta cita bajo el perfil teológico, su importancia creció grandemente en el momento en el que en ella nació el Mesías esperado, el que las Sagradas Escrituras dice que será descendiente de David y, como descendiente, debía nacer también en “Belén de Judá”, que dista unos 15 kilómetros de Jerusalén.

 

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