LA EPIFANÍA: DIA DE “REYES MAGOS”

 Por: Álvaro López Asensio

Página web: www.alopezasen.com


 

La fiesta de la Epifanía se ha ido recargando a través de los siglos, con un sinnúmero de tradiciones y leyendas que, lamentablemente, han oscurecido su profundo significado. El episodio evangélico de los “magos”, la gente de España los llama ordinariamente “reyes”. Tal vez fueran ambas cosas. Tal vez han sido sólo personajes simbólicos, carentes de historicidad, no nos inquiete la cuestión.

Al Este de Israel, se dieron núcleos-estado, cuyo gobierno lo ejercían, no los poderosos, sino los sabios. Este sistema, “gnoseocracia” creo que lo llaman, no ha dado buen resultado a través de la historia. Hoy no sabemos cuantos eran, cómo eran, ni siquiera si vivían juntos. Eran notables por sus conocimientos, por su valentía, por su decisión y por su generosidad. Que sabían algo de astronomía, es algo que se sobreentiende. Ni se nos dice en el Evangelio sus nombres, ni el color de su piel. Lo importante no son los títulos académicos, ni el dinero que se tenga. Lo importante es la actitud espiritual. La riqueza de un hombre, más que en su bolsa, está en su ensueño.

La fiesta de los Reyes Magos pretende que no olvidemos que Jesús fue acogido por María y José, proclamado por los ángeles, reconocido por los sencillos pastores, pero también por sabios investigadores. Ocurre también hoy en día, aunque no lo parezca.

Creemos, a veces, que el sabio es alguien que ha acumulado conocimientos y los guarda celosamente en su memoria: ese es el erudito. La cualidad fundamental del sabio es el asombro y la audacia. Si le falta humildad y le sobra pereza, poca cosa podrá lograr una persona. Os he dicho que existen sabios notables que reconocen y adoran desde su interior a todo lo que resulta más noticiable y hasta fácil, el negar todo lo que no se pueda tocar, lo que no da dinero contante y sonante, lo que no procura fama.

El nombre litúrgico de la fiesta es Epifanía. Se trata de una palabra de origen griego que expresa la manifestación de una realidad. Quiere la Iglesia que seamos conscientes de que el nacimiento de Jesús no es una cosa para celebrarlo en familia, en grupo de amigos. Es un hecho trascendente, abierto, universal.

Toca obrar de acuerdo con lo que nos enseñan los “magos”: ser generosos con elegancia. Porque las ONG son excelentes, las campañas benéficas necesarias, pero es preciso saber regalar algo que no sirva para comer, como no se come el oro; que no abrigue, como no calienta la mirra; que no pueda ser útil para comprar o vender, como el incienso. Que los “Reyes” sean generosos y que la manifestación de Dios en Jesús-niño que hemos celebrado durante estas fiestas que terminan, nos haya renovado porque hemos permitido que Dios haya nacido también en nuestro corazón.


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