LA CUARESMA Y ROSH HA-SANÁ, YOM KIPPUR

Por: Álvaro López Asensio

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El año litúrgico judío termina y comienza con la conversión. El mes judío de Tishri, que cae en el período de septimebre-octubre, empieza con dos celebraciones que son de carácter penitencial y por eso son llamadas "fiestas austeras"; Rosh ha-Saná, el año nuevo judío (1 y 2 de Tishri) y el Yom Kippur, el día de la expiación (día 10).


1.- CUARENTA, NÚMERO BÍBLICO

El tiempo judío de preparación espiritual intensa comienza un mes antes, llamado Elul, que precede a Tishri: cuarenta días (treinta de Elul y diez de Tishri) dedicados a la teshubá, al retorno del corazón, que culminan en el Yom Kippur, el gran día del perdón hebreo.

Son pues cuarenta días de penitencia, una auténtica "cuaresma judía", en la cual se empieza a vislumbrar esta maravillosa ocasión del retorno. Es un tiempo de purificación del corazón, de vuelta al origen, donde cada día suena como un llamado al arrepentimiento y a la renovación interior.

Cuarenta es un número bíblico de gran relevancia: según la tradición judía, fue en el primer día de Elul cuando Moisés subió por segunda vez al Sinaí y, después de haber permanecido cuarenta día y noches en ayuno total, exactamente en el día de Yom Kippur, Dios perdonó a Israel por el abominable pecado del becerro de oro y Moisés bajó del monte con las nuevas tablas escritas por el dedo de Dios.

Al regresar, Dios ofreció al Pueblo renovar la Alianza: lo embelleció como a una esposa y le devolvió la dignidad perdida por el pecado. Cuarenta días y cuarenta noches dura el diluvio (Gn 7, 12); cuarenta días emplean los exploradores para adentrarse en el país de Canaán (Num 14, 34); durante cuarenta años el Pueblo vaga por el desierto (Ex 16, 35); durante cuarenta días y cuarenta noches Elías camina hasta el monte de Dios (1Re 19, 8); durante cuarenta días el profeta Ezequiel lleva la iniquidad de la casa de Judá (Ez 4, 6). Finalmente, para los cristianos, Jesús de Nazareth cumple de manera admirable el Antiguo Testamento (la Tanak judía), viviendo su "cuaresma" en el desierto, cuarenta días y cuarenta noches (Mt 4, 2; Mc 1, 13; Lc 4, 1).

Los cuarenta días que culminan con el Yom Kipur arrancan con un nuevo comienzo. En hebreo, teshubá, significa "retorno": el de Dios hacia las personas y el de las personas hacia Dios. Es un renacer espiritual, un volver al origen mismo del alma y del mundo. En la tradición judía, antes incluso de crear al ser humano, Dios creó la teshubá, es decir, la posibilidad de volver a Él. 

No se trata, entonces, de una conversión entendida en sentido moralista, como si dependiera sólo del esfuerzo humano. Al contrario, es ante todo el retorno de Dios hacia la persona. Movido por su misericordia infinita, Dios se acerca a la persona la cual, por sí sola, no puede volver plenamente a Él. Una de las oraciones más hermosas de este tiempo expresa esta verdad: "Haznos volver a ti, Señor, y volveremos" (Lam 5, 21).


2.- DERRAMAR MISERICORDIA

La tradición judía enseña algo asombros: también Dios reza. ¿Y cuál es el contenido de su oración? "¡Que la medida de mi misericordia supere la medida de mi justicia¡" (TB, Berajot 7a).

He aquí el anhelo más profundo de Dios: derramar sobre la humanidad entera la plenitud de su misericordia. En efecto, hay un término en hebreo de capital importancia: rajamín, que designa las "entrañas de misericordiosas" de Dios e indica una analogía con las entrañas maternas.

Los rajamín hacen referencia a la "profundidad" de Dios, a su corazón, a su esencia misma. El término, además, está asociado a rejem, la "matriz" de la mujer: Dios tiene el poder de generarnos nuevamente, de hacernos nuevas criaturas, a través de esta posibilidad de retorno, de la teshubá.

Rosh ha-Shaná (el año nuevo judío) es la festividad que celebra la realeza de Dios y el día del juicio divino (Yom ha-din). Los rabinos enseñan que en Rosh ha-Shaná toda la humanidad comparece espiritualemnte ante el trono del Señor, el Rey. El libro rabínico de la Misná (Rosh ha-Shaná 1 ,2) afirma que todas las personas pasan ante Dios, que es como un pastor que cuenta sus ovejas o un general que revisa sus tropas. Así Dios examina a cada alma, distinguiendo entre las buenas y las malas. Esta misma imagen la retoma Jesús de Nazareth: el Hijo del Hombre, sentado en su trono, separa las ovejas de las cabras (Mt 25, 31-33).


3.- YOM KIPUR, DÍA DE LA RECONCILIACIÓN

Según el Talmud de Babilonia (Rosh ha-Shaná 16b), en Rosh ha-Shaná se abren tres libros ante Dios: el primero están escritos los justos, en el segundo los pecadores, y en el tercero los mediocres. En el Yom Kippur, lo que se han obstinado en el pecado y no quieren arrepentirse reciben el terrible juicio de Dios.

Los justos, que ya son santos, son inscritos en el libro de la Vida. El destino de los mediocres queda en suspenso hasta Yom Kippur, pues disponen de "diez días terribles", un tiempo sagrado de conversión, un kairós que precede al Yom Kippur, cuando se sella el juicio divino. 

Es el momento propicio para reconciliarse, no sólo con Dios, sino también con los hermanos, y pedir perdón incluso a quien pueda tener algo contra uno, tal como enseñó Jesús en el Sermón de la Montaña (Mt 5, 23-25). El día de la Expiación, entonces, obtiene el perdón de los pecados quien ha pedido perdón de corazón al hermano.

No se trata, por tanto, de un perdón automático. Hay que buscar al hermano que se haya ofendido y pedirle perdón. En el tiempo que precede al Yom Kippur, los judíos se levantan por la noche, cuando el hermano ofendido todavía está en la cama, y esperan ante su puerta hasta que se levanta, para pedirle perdón. Por consiguiente, el Yom Kippur no procura el perdón de los pecados cometidos contra el hermano si antes no se ha dado el paso para reconciliarse con él.

No por casualidad, Jesús invita a rezar literalmente así: "Perdona nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado (griego aëkamen) a nuestros deudores" (Mt 6, 12). La conversión, por tanto, debe ser sincera y exige actos concretos de reconciliación. En este día se debe hacer una extensa confesión pública de los pecados. Como signo de sincera conversión, se observa un ayuno absoluto y de mortificación.

Jesús anuncia el adviento del reino y la teshubá, la posibilidad del retorno a Dios, e inaugura el jubileo definitivo, "un año de gracia del Señor" (Lc 4, 19); "convertíos (entrad en la teshubá), porque el reino de los cielos ha llegado" (Mt 4, 17). 

El Yom Kippur es el día de la reconciliación con Dios. En el Templo de Jerusalén se abrían las puertas del Santo de los Santos, como un signo que se abría de par en par las puertas mismas de la misericordia y del Cielo, y todo esto una sola vez al año. En efecto, solamente en este día, el Sumo Sacerdote podía entrar en el Santo de los Santos en nombre de toda la humanidad con la vestidura blanca de lino puro -que simboliza la pureza, la inocencia y la santidad-, pronunciar el nombre santo e innominable de Yahweh y cumplir la expiación de los pecados para sí mismo, para su familia y para toda la casa de Israel.

Para el cristiano cada día es Yom Kippur, porque Jesucristo nos ha procurado una redención eterna (Heb 9, 12). A diferencia de otras fiestas, el Yom Kippur no pasó a ser fiesta cristiana, pues como acabamos de mencionar, Jesús celebró el único y definitivo Yom Kippur con su muerte y resurrección, en su misterio pascual. No obstante, los cristianos viven en el tiempo de Cuaresma, cuarenta días de teshubá, de retorno a Dios y de reconciliación con Él y con los hermanos. Cristo es al mismo tiempo el definitivo Sumo Sacerdote y el Cordero que, llevando el pecado del mundo, nos reconcilió con Dios. Una estupenda oración judía, que se recita todavía hoy en musaf (la oración adicional) de Yom Kippur (Día de la Expiación), manifiesta así el anhelo al Mesías: 

"Nuestro justo Mesáis se ha ido de nosotros: el terror nos ha invadido y no nos podemos justificar. Él ha llevado el yugo de nuestras iniquidades y nuestras transgresiones, y ha sido herido por nuestra culpa. Él ha cargado nuestros pecados sobre sus espaldas: ¡peda Él hallar el perdón para nuestras iniquidades¡ Seremos curados por sus heridas en el tiempo en el que Eterno hará de él una nueva creatura. ¡Tráelo del centro de la tierra¡".












































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