EL BAUTISMO Y LA CONVERSIÓN DE LOS JUDÍOS
1.- EL BAUTISMO COMO SIGNO DE CONVERSIÓN
El bautismo cristiano es un sacramento por el cual, no sólo se perdona el primer pecado de Adán y purifica al hombre del mal para alcanzar la salvación personal, sino que incorpora al neófito a la Iglesia, es decir, a la comunidad de los que creen y celebran su fe en Jesucristo.
Aunque uno de los principales objetivos de la Iglesia -en la Edad Media- era la conversión de los judíos mediante medidas coercitivas, hubo, sin embargo, algunos papas y reyes que trataron el asunto con mensajes pacíficos y conciliadores:
Año
1179: El Concilio III de Letrán prohíbe que se obligue a los judíos a bautizase
a la fuerza[1].
El
7 de noviembre de 1217, el papa Honorio III (1216-1227) decreta que los judíos
no sean forzados a bautizarse contra su voluntad, sino que se les reciba con
amor y benevolencia, entre otras medidas[2].
Año 1296: El rey Jaime II de Aragón ordena que los judíos sean voluntariamente bautizados sin obstáculo y coacción alguna, anulando cualquier estatuto, costumbre o disposición en contra.
1.2.- LOS JUDÍOS RECIBEN CATEQUESIS PARA PODER BAUTIZARSE
El bautismo de los judíos iba acompañado de una preparación catequética previa. Pese al respeto que merecía la opción que tomaban, las conversiones en masa que se produjeron entre los siglos XIV y XV, obligaron a la Iglesia a tomarse en serio la formación de los neófitos, sobre todo para evitar decisiones precipitadas, fingidas o poco sólidas.
Desconocemos cuanto tiempo duraba la catequesis en las diócesis aragonesas. Es muy probable que siguieran el criterio del Obispo de Mallorca, Antonio de Galiana (1363-1375) quien, el 1 de julio de 1373, publicó una pastoral en la que establecía un mínimo de veinte días para preparar e instruir a los neófitos conversos en las verdades cristianas[3].
Es
indudable que, en los municipios con población judía, la Iglesia enseñó a los
conversos recién bautizados las primeras oraciones universales (el Credo, el
Avemaría, el Padrenuestro, etc.).En este sentido, el 11 de enero de 1488, el
converso de Calatayud, Jaime Ramón, declaró ante el Tribunal de la Inquisición
que “havia quatorze o quinze anyos, poco mas o menos (hacia 1475), quando yo me
fize cristiano et como fue cristiano aprendi la Ley (los diez mandamientos de
la Iglesia) et escrevir et el credo, pater noster, avemaria, la salve regina et
otras oraciones buenas que agora las se[4]”. Putualizar que los diez mandamientos no eran
exclusivamente de la Iglesia, sino también de los judíos, ya que Dios los dio a
Moisés en el monte Sinaí.
1.3.- EL BAUTISMO DE LOS JUDÍOS: UN MALESTAR FAMILIAR
Los procesos de Inquisición nos proporcionan alguna referencia sobre lo que pasaba en el seno familiar cuando los judíos se bautizaban e incorporaban a la comunidad cristiana: la familia se quedaba dividida y sus relaciones interpersonales deterioradas. Veamos un ejemplo de esta amarga situación familiar.
El
1 de julio de 1489, la vecina y conversa de Calatayud, María de Lanuça (mujer
de Jacobo de Luna), dijo ante la Inquisición que juzgaba al converso, Johan de
Esperandeo (menor de días), que “el dia que baptizaron al marido desta
deposante, que puede haver cinquo annos poco mas o menos y entonces bautizaron
dos fijos tambien desta deposante”, se encontró al acusado en la judería y
“dixole, porque llorays?, dixo esta deposante no tengo de llorar que soy viuda
en vida, no veys que bautizan a mi marido y a mis fijos?, entonces dixo el
dicho Johan Esperandeo a esta deposante: y no enredeys que quedays bien rica
que quedays en vuestra Ley y en vuestra juderia, porque le babtizava dos fijos
el mesmo dia, dixo el dicho Johan Esperandeo, tendréis dos angilitos emparayso
y lo azio por modo descarnio[5]”.
1.4.- EL BAUTISMO Y LOS CONFLICTOS FAMILIARES CON LOS JUDÍOS
Las mujeres judías fueron, al principio, más reacias a bautizase que los hombres. Cuando ellos abandonaban el hogar, la mujer tenía tres opciones:
1.- Pactar la separación de los bienes gananciales y quedarse con la dote matrimonial para casarse con otro judío.
2.- Convertirse también al cristianismo para vivir con su anterior marido judío (no se hace división de bienes).
3.- Convertirse e iniciar una nueva vida con otro cónyuge cristiano.
Un ejemplo claro lo encontramos cuando el bilbilitano, Berenguer de la Cabra, se convirtió al cristianismo en una de las sesiones de la Disputa de Tortosa. Enterados en Calatayud de lo sucedido, un grupo de judíos y otro de cristianos asaltaron su casa de la judería robando cuantos bienes y joyas encontraron[6]. En agosto de 1414, entabló un pleito con su propia esposa y cuñado judíos, a la que acusó de retener sus propiedades y robar su fortuna y la de su padre (el médico Yuçe Abencabra, convertido con el nombre de Johan Martínez de la Cabra). Desconocemos la sentencia de divorcio y separación de bienes, pero todo hace pensar que su esposa judía se quedó con gran parte del patrimonio familiar. Estas pérdidas se vieron compensadas con los privilegios que el rey y el papa Luna le otorgaron a posteriori, como luego veremos.
1.5.- CAMBIO DE NOMBRE TRAS EL BAUTISMO
El antisemitismo latente en la sociedad cristiana obligó a los conversos a cambiar sus anteriores nombres y apellidos judíos por otros cristianos. De no especificarse documentalmente, resulta muy difícil reconocer las raíces judías de muchos de ellos. Aún así, hay algún elemento que los puede identificar:
Muchos
judíos se bautizaron adoptando como nombre o apellido el titular de las
parroquias donde recibieron el sacramento: Salvador, Antonio, Jesús, María,
etc.
Otros
los tomaron de sus padrinos cristianos, resultando complejo identificar
documentalmente su ascendencia judía.
Con
frecuencia algunos neófitos adoptaron apellidos de cristianos viejos de
reconocido prestigio, incluso de familias nobles o gentiles-hombres, hecho que
también dificulta averiguar su procedencia judía.
Con
frecuencia ponían el apellido de algún Santo para asegurarse un nuevo protector
en la tierra y un mediador en el cielo: Santángel, Santa María, Santa Cruz,
Santa Clara, etc.
Muchos
apellidos compuestos con nombres toponímicos suelen remitirnos a apellidos
compuestos de origen judío: Pérez de Calatayud, Pérez de Moros, Martínez de
Maluenda, López de Villanueva, etc.
Los
nombres relacionados con las plantas fueron también muy utilizados por los
recién bautizados: Espinosa, Cepeda, de la rosa, etc.
Los
apellidos que hacen alusión a colores, cualidades y cosas son típicamente
conversos: bueno, malo, royo, pardo, moreno, puerta, etc.
[1] Actas del III
concilio Lateranense, artículo “contra judeos et sarracenos”, capítulo XXVI.
[2] “Bullarum,
diplomatum et privilegiorum sactorum romanorum Pontificum”, III, 330, col.
2ª. El Papa Honorio III es partidario de
que se protegiera a los judíos en sus fiestas y ceremonias religiosas, no
permitiendo fuesen apaleados o apedreados, ni destruidas sus casas, cementerios
o exhumados los cadáveres.
[3] PONS PASTOR, A.;
Op. Cit. “Los judíos del reino de Mallorca...”, vol. I, p. 109.
[4] AHPZ,
J-00009-007 (Caja 7, Nº 7); Proceso inquisitorial contra Jaime Remón, p. 2 vto.
[5] AHPZ,
J-00015-006 (Caja 15, Nº 6); Proceso inquisitorial contra Johan de Esperandeo,
p. 5-5 vto.
[6] CUELLA ESTEBAN,
O.; Op. Cit. “Bulario aragonés...”, tomo III, p. 32.
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