LA SABIDURÍA DEL TALMUD
Por: Álvaro López Asensio
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1.- ¿QUÉ ES EL TALMUD?
No es cosa fácil definir o caracterizar, breve y concisamente, el Talmud. Es un sujeto que escapa a definición por la gran variedad de su contenido y, sobre todo, porque no hay obra que pueda comparársele.
Fuera del judaísmo, son contados los que se han adentrado en el océano de sus libros con la honrada intención de dar con las perlas, de aprovechar lo bueno y lo útil que contiene, al mismo tiempo que descartar lo que a primera vista pueda parecer inútil.
Cuando, en 1304, el papa Clemente V quiso saber qué era el Talmud, pese aque ya había sido objeto de polémicas religiosas (casi siempre estériles) y de numerosos ataques, nadie fue capaz de contestar su pregunta nadie lo sabía. Y a pesar de las cátedras que fundó, el Talmud, las bellezas del Talmud, siguieron desconocidas.
El Talmud no sólo alimenta el alma y el espíritu, sino que atiza la imaginación; a pesar de no ser una obra de arte, contiene muchas obras de arte. Bien es verdad que figuran en él cosas útiles e inútiles, de gran valor o puramente anecdóticas.
Si al desorden con que las materias están distribuidas se une el hecho de que los autores o sabios rabinos, cuyo número ronda los dos millares, pertenecen a distintas épocas y regiones geográficas, a muy diversas capas sociales y formación, desde el ignorante al sabio, por ello, de autoridad desigual, sosteniendo a veces teorías muy dispares, incluso contradictorias, expuestas sea a continuación unas de otras sea en páginas muy alejadas entre sí, se explica que junto a ideas sublimes se hallen opiniones o dichos vulgares; que junto a moralidades elevadas vengan citas supersticiones populares; que junto a la regla médica, lógica y perfectamente reglamentada, aparezcan remedios de curandero. El Talmud llegó a ser la piedra angular de la educación judía.
Por consiguiente, el Talmud nunca fue considerado un código cerrado, sino más bien un memento de las diversas interpretaciones de las leyes bíblicas y tradiciones, un relato verídico de las distintas opiniones rabínicas acerca de las experiencias humanas en relación con la sociedad, con Israel, con dios y con el reino divino.
Podemos decir que el Talmud es una amplia obra literaria religiosa judía que abarca un periodo de tiempo de ocho siglos, desde los siglos II a.C. a IV d. C, cuyo objeto es dar a conocer la ley oral, complemento indispensable de la Torá, (ley escrita), debido a que esta, no indica todas las precisiones necesarias en el cumplimiento de los preceptos. Existiendo dos versiones del mismo, una escrito en arameo la Misná y otro la Guemará que puede ser de Jerusalén y la Babilónica. Libros en donde se contiene la tradición, la doctrina, ceremonias, alimentación, regulación del trabajo, sexualidad, medidas relativas a la menstruación, parturientas, enfermedades y enfermos, higiene del hogar, remedios curativos, etc.
2.- EL TALMUD EN EL JUDAÍSMO
El Talmud recoge, mejor dicho, contiene entre otras cosas la doctrina tradicional del judaísmo. Es, por consiguiente, el paralelo de lo que en el cristianismo el Magisterio de la Iglesia o la obra de los Santos Padres, y en el islamismo la Sunna. Pero no sólo eso, sino que además atesora todo el patrimonio, material y espiritual, de los judíos en los primeros siglos de la Era Cristiana. No es, pues, de extrañar que el judaísmo haya custodiado celosamente todo ese caudal de sabiduría y noticas, se haya sumergido plenamente en él y a él haya dedicado gran parte de su quehacer y recopilación.
Durante la Edad Media el Talmud alcanzó para los judíos tal importancia que casi puede decirse que relegó a segundo término la Tanak o Biblia hebrea. La extraordinaria variedad de su contenido puede explicarnos, en parte, esta anomalía, a primera vista absurda. Y es que en el Talmud cualquier persona puede hallar temas que le interesen, desde la teología propiamente dicha, pasando por las diversas disciplinas, hasta la fábula e incluso la anécdota.
El Talmud salvó al judío de la ignorancia y, al mismo tiempo, inicio en las ciencias profanas, especulativas o prácticas. Proporcionó al judío la dialéctica y la profundidad de espíritu que le salvaron del anquilosamiento que sufrieron otros pueblos. Permitió que sobreviviera en ambientes hostiles, entre persecuciones y ataques por que fue un signo de identidad y de filiación con Dios por su fe. Fue también el educador del Pueblo, el que evitó que cayera en la vileza y permitió que conservara costumbres puras; incluso más: el que mantuvo intacta la unidad del judaísmo.
El estudio diario del mismo, iniciado en temprana edad, somete el espíritu judío a una fuerte gimnasia, gracias a la cual se agudiza su entendimiento, el pensamiento se acostumbra a la lógica, la inteligencia se desarrolla en profundidad.
Lo que es el judío. Lo que será, lo debe en gran parte al Talmud, o, mejor aún, al espíritu que lo produjo. Mientras existan judíos y judaísmo, el Talmud seguirá teniendo su valor porque ha moldado la vida y el carácter del judaísmo.
3.- EVOLUCIÓN Y REDACCIÓN DEL TALMUD
1.1.- Recepción de la torá: “har sinaí”
En el año 2448 después de la creación del mundo, el Pueblo de Israel recibió la Tora escrita y oral en el monte Sinaí. Moshé Rabenu (Moisés) tardaría 40 días en bajar las Tablas con los Diez Mandamientos.
Según la tradición hebrea, por mandato Divino, Moisés escribió 13 rollos de la Torá durante los 40 años de travesía por el desierto, es decir, el “jumash” (las siglas de “jamishá jumshé”) Torá o los 5 libros de la Torá. El resto de la Torá escrita (las Sagradas Escrituras) sería revelada a lo largo de los 1.200 años posteriores, a través de Profetas y Reyes. Esto es el “Naj”, siglas de “Neviim” (profetas) y “Ketubim” (escrituras o sabiduría). Toda esta Torá escrita se denomina “Tanak”, las siglas de Torá, “Neviim” y “Ketubim”.
3.2.- El período de la transmisión oral
Durante más de mil años, la Torá oral fue transmitida de maestro a alumno y de padres a hijos de forma oral, de memoria. La Guemará nos cuenta que, para ayudarse en la memorización de tanta cantidad de información, utilizaban canciones y reglas nemotécnicas.
En época de los Profetas, Reyes y “Tanaim” (sabios rabínicos) fue tremendamente fértil. Durante todo este largo periodo se forjó la mayoría de los decretos rabínicos y el estudio de la Torá como el centro de la vida judía. El cenit de este periodo se sitúa en el reinado del rey Salomón (sobre el 980 a.C.). Cuentan que bajo su regencia, todos los niños judíos sabían textos de la Torá de memoria; la erudición era una constante en el Pueblo.
Tras la muerte de Salomón empieza un largo periodo de depresión que culminará con la destrucción del segundo Templo (año 70 d.C.) y el comienzo de este largo exilio de la diáspora en el que se encuentra gran parte del Pueblo hebreo.
3.3.- El período de la tradición rabínica
Los judíos sometidos al Imperio romano se sublevaron contra su dominación en el año 66 d.C. La revuelta terminó con la estrepitosa derrota de los judíos, lo que provocó que se destruyera el Templo y la ciudad de Jerusalén.
En este contexto, tanto las viejas autoridades religiosas (las familias sacerdotales que componían el Sanedrín) como los partidarios religiosos (fariseos y saduceos) perdieron su influencia ante Roma. En su lugar surge un nuevo grupo de intelectuales, los rabinos, que con el tiempo irán logrando mayor influencia religiosa y espiritual sobre la población judía, no sólo de Judea, sino también de Babilonia[1] y de la diáspora.
Este nuevo movimiento rabínico será el que comience una nueva forma de interpretar las Escrituras, partiendo de sus dos fuentes principales: la Torá escrita o “Toráh Shebijtav”, y la Torá oral o “Toráh She-bealpé”. El estudio y el conocimiento de la Torá, constituirá el más alto bien en la vida de un judío, por lo que su aprendizaje merece los mayores esfuerzos. La tradición rabínica de la Misná afirma que[2]:
- "Un hombre ignorante no puede ser piadoso"
(TB Abot, capítulo 2,6).
- “A más estudio de la Torá, más vida; a más
investigación, más sabiduría; a más consejo, más comportamiento razonable...
Todo el que adquiere conocimiento de la Torá, adquiere vida para el mundo
futuro" (TB Abot, capítulo 2,7).
- "Si dos se sientan juntos y no conversan acerca de la Toráh, son una reunión de cínicos, de los que está escrito (Sal 1,1): "no te sientes en la reunión de los cínicos". Pero si dos se sientan juntos y conversan sobre la Torá, entonces la "Sekinah" está presente en medio en medio de ellos, pues está escrito (Mal 3,16): "Así comentaban entre sí los fieles del Señor, el Señor atendió y lo oyó". Y a quien estudia la Escritura, se le imputa como si hubiese cumplido toda la Torá" (TB Abot, capítulo 3, 3).
3.4.- El período de recopilación: Misná y Guemará
El término Misná (Misnáh) procede de la raíz hebrea “shaná” que equivale a la aramea “tanna”. De ahí que Misná signifique “enseñanza, repetición o estudio”. Desde el siglo I aparecen personajes encargados de transmitir la Ley oral, llamados “taná” o “tanaítas”, voz aramea que significa “maestro, enseñante”, es decir, una especie de “repetidor”, pues la base del proceso de enseñanza-aprendizaje era la repetición.
La palabra hebrea que más se asemeja a este término arameo es “shaná” (repetir). La Misná es pues la colección de enseñanzas tradicionales de la Torá transmitidas y aprendidas por repetición. Los “tanaítas” perduraron hasta el año 190 de nuestra Era, fecha en la que aparece por primera vez una redacción de la Misná hecha por Jehuda el Patriarca (nasí).
La Misná se divide en seis capítulos, llamados órdenes (agricultura, fiestas, vida familiar, ley civil, prescripciones sacrificiales-dietéticas, y las normas sobre la pureza ritual). Cada orden contiene varios tratados o “massket”, sumando un total de 63 manuales. A su vez, cada tratado se divide en capítulos o “pasahiot”, y estos a su vez en “mishanayyot”. Se designa como “mishanayyot” al conjunto de la Ley judía en su totalidad, aplicándose tanto a la parte legal del Talmud como a las ampliaciones posteriores (reglas jurídicas, prescripciones rituales, discusiones minuciosas con elementos de homilías sobre la Escritura, anécdotas, ejemplos, parábolas, etc.).
Las explicaciones legales de la Misná fueron recopiladas -entre los siglos III y IV- en la Guemará[3] que significa “compilación”. La Misná y la Guemará juntas constituyen el Talmud (estudio o aprendizaje) que es el cuerpo oficial de la Ley y la tradición judía. La Toseftáes un “suplemento” de la Misná.
3.5.- Los comentarios de la Misná: el Talmud
En la diáspora judía del año 70 d. C., muchos judíos se exiliaron en Babilonia, donde los “talmidéjajamim” de esa época, llamados “amoraim” (Sabios judíos del período post-Misná: 220-500 d.C.), se encargaron de estudiar, discutir y ampliar toda la Misná en las famosas “yeshivot” (academias rabínicas) de la época. Durante más de 300 años los “Amoraim”, con sus discusiones enriquecieron la Misná.
El contenido del Talmud está basado en las Sagradas Escrituras, en las explicaciones de los preceptos y en la forma de cumplirlos[4]. La Torá es la fuente primera de los siete preceptos morales básicos que obligan a todo ser humano como tal (los siete preceptos de los hijos de Noé; Gn 9, 1-7). También hay que observar los 613 preceptos o Mitzvot formulados dentro del texto bíblico y debe cumplir todo judíos desde que alcanza los trece años (365 son negativos e imponen abstenerse de alguna acción -uno por cada día del año- y 248 preceptos positivos –uno por cada órgano del cuerpo-. Estos preceptos bíblicos son comentados, explicados, ampliados e implementados por las diferentes exégesis o comentarios, plasmándose por escrito las tradiciones orales: la Misma y el conjunto en la que está incluida: el Talmud.
Existen dos versiones codificadas del Talmud:
- El Talmud palestino o de Jerusalén, conocido como “Talmud Eretz Israel” o “Yerushalmí”, terminó de recopilarse en el siglo V. Abarca 39 de los 63 tratados de la Misná y, en gran parte, se limita a asuntos puramente legales. Fue impreso por primera vez en Venecia en 1523.
- El Talmud Babilónico o “Talmud Bavlí” es una versión posterior finalizada en el siglo VI. Contiene más textos hebreos y abarca 37 tratados de la Misná, triplicando en volumen al de Jerusalén. Aunque sus dos terceras partes tratan de materias no legales o Hagadá, su influencia y autoridad ha sido tan importante que, cuando se alude al Talmud, se entiende siempre la versión babilónica. Se imprimió por primera vez alrededor de 1482 en la Península Ibérica. La Hagadá deriva del verbo hebreo “Hifil” y a su vez del “Hagad”, que significa contar o narrar. Contiene comentarios históricos, folklóricos, tradicionales, teológicos, morales y de carácter popular de la Torá y en ningún caso estrictamente legales.
La
interpretación del Talmud se llama “midrash”.
La literatura “midráshica” se
extiende históricamente desde el siglo I hasta el siglo XIV, siendo también una
recopilación de los “responsa” o
doctrina impartida por los rabinos cuando las juderías le preguntaban por
cuestiones legales y de costumbres.
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