EL MIEDO A LA MUERTE

 Por: Álvaro López Asensio

Página web: www.alopezasen.com

1.- El miedo a la muerte: “memento mori

Las personas actuales tienen pánico a hablar de la muerte. Aunque nos pertrechemos con las armas de la fe, la muerte sigue siendo tabú y retornamos al contenido de muchos salmos y profetas: “En medio de mis días tengo que marchar hacia las puertas del abismo, me privan del resto de mis años… El abismo no te da gracias, ni la muerte te alaba, ni esperan en tu felicidad los que bajan a la fosa” (Is 38, 10; 14, 17-20).

Causa verdadero pánico estar en la fosa (Sheol judío del Antiguo Testamento), con los muertos olvidados para los vivos son los que alaban al Señor y el pensamiento de no ver al Señor en la tierra de los vivos suponía una tragedia de dimensión cósmica.

Así que, como sólo cuenta la vida y el mundo de los vivos, la muerte se convierte en la mayor contradicción del Ser humano, hecho a imagen y semejanza de Dios. Sin embargo, una expresión nos recordaba nuestra condición: “memento mori”. La locución latina, que significa “recuerda que morirás”, se usaba en Roma cuando los generales victoriosos de las campañas militares eran aclamados por el pueblo, y un siervo iba reprimiéndole esta alocución para que no diese lugar a la soberbia o la vanagloria.

Su uso se extendió en la edad Media y pasó a ser un saludo común entre los monjes para indicar la fugacidad de la vida y el poder igualatorio de la muerte, ampliamente representado en obras de arte y en el siglo XX en películas, graffitis y tatuajes. Hoy en día, puede interpretarse como la invitación a vivir en plenitud el momento presente, pues llegará el día en que todo se acabará.

Las personas de hoy han conseguido ocultar el tema de la muerte y desplazarla al campo semántico del duelo utilizando eufemismos para indicar que es un tema tabú. No está de moda hablar de la muerte y cuando se hace, se intersecciona con fenómenos esotéricos, paranormales, fantasmas o historias de ultratumba. Ya lo decía el poeta Horacio: “Carpe diem, quan mínimun crédula postero” (Aprovecha el día y no confíes en el mañana).

Desde tal perspectiva, la sociedad moderna ha encontrado el modo perfecto de expresar el significado de la muerte frivolizándola, vulgarizándola o vaciándola de contenido De momento, Halloween es del día de la muerte pero con disfraces de brujas, calaveras, muertos vivientes, procesiones de calabazas encendidas o cementerios que terminan siendo un “after” y lo paranormal está abocado a una sonrisa y gritos de diversión: es preferible disfrazarse de esqueleto que ir al cementerio y rezar ante tus seres queridos.

La muerte no deja indiferente a nadie. He conocido a personas a las que la muerte les ha llevado al odio y resentimiento; otras, se han cerrado en sí mismas y no han sido capaces de vivir con una buena salud psicológica; otras, no han superado el hecho bien por lo imprevisto o por las circunstancias y las menos, a las que la muerte le ha llevado a redescubrir la fe y comprender que todo está bajo las manos y misericordia de Dios.

2.- Negación del dolor

¿Una sociedad donde se celebra, propone y exalta la juventud con éxito, va a hablar de la muerte? Evidente, no. Hemos pasado de normalizar nuestra fragilidad a relegarla; de compartir la muerte en familia a desplazarla a los tanatorios como los enfermos paliativos a los hospitales. No tenemos tiempo y demasiadas auto-exigencias imponen una nueva cultura en la que la negación del dolor no deja espacio al duelo.

El “Memento mori” se diluye como un azucarillo en agua y ni se sabe lo que significa ni las implicaciones que tiene. En un podcast (lo que tú digas) en el que se entrevistaba al escritor J.J. Benítez, se afirmaba que la persona moderna no quiere hablar de la muerte porque no sabe responder a la pregunta ¿Para qué estoy aquí?. La existencia es vivida como una especie de continuo recreo escolar, donde la incapacidad para ser resolutivos o el miedo innato al dolor generan un silencio absoluto ante la muerte y son muchos los que se enfrentan a ella sin haber hablado antes del tema, pensando que el silencio provoca fortaleza, aunque resulta ser todo lo contrario; una vulnerabilidad que estremece más todavía.

Elisabeth Kübler-Ross, una de las grandes expertas mundiales en acompañar a la persona en la muerte, escribió que el silencio sobre la muerte no nos protege y puede hacer que las emociones se queden atrapadas.

3.- La certeza de la muerte

San Francisco de Asís nos enseñó que la muerte y la vida se escenifican en un mismo acto, prevaleciendo la vida y al caricia amorosa de Dios ante la tragedia y el desconsuelo. La certeza de morir nos entristece pero queda la esperanza firme de que Dios “ha creado un nuevo Adán, Cristo, en el que la muerte ha sido vencida.

¿Qué sería de nosotros si no resucitásemos con Cristo? Pero el Ser humano, tan triunfante y quebradizo, prefiere quedarse en el salmo 21: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Y anhelando que la ciencia avance para alargar todo lo posible la vida biológica.

Una pregunta lo desestabiliza: ¿Está prohibido morirse? Pues si nuestra vida es como hierba que se renueva por la mañana y por la tarde la siegan y se seca (Sal 89), sería oportuno reconciliarnos con nuestra fragilidad, pues morir es inseparable a nuestra existencia por más Halloween que nos inventemos. De nuevo, la palabra que ilumina “No fue Dios quien hizo la muerte ni se recrea en la destrucción de los vivientes” (Sb 1, 13).

El gran tabú es recordarnos que nuestro paso por la vida es temporal, y que no sabemos con certeza cuánto dura ese tiempo. El rico se dijo: Ahora tienes almacenados bienes para muchos años; descansa, como, bebe y pásalo bien. Pero Dios le dijo: “¡Insensato¡ Esta misma noche vas a morir ¿Para quién va a ser todo lo que has acaparado?” (Lc 12, 16-21).

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